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Stephanie Fischer Stephanie Fischer

El Perro Huinca y sus Aventuras Inolvidables

El perro Huinca llegó de pocas semanas a Huiro, en una caja de zapatos que trajimos desde Niebla. Desde cachorro, mostró una personalidad juguetona y curiosa. Era una mezcla de pastor alemán con alguna otra raza que nadie pudo identificar. Su juego favorito era correr detrás de cualquier objeto que le lanzáramos en el jardín, siempre con el mar de fondo como testigo de sus travesuras.

Con el tiempo, Huinca creció y asumió el rol que había dejado el viejo Rambo, el perro que nos acompañó por años hasta partir de muy viejito. Huinca no solo ocupó su lugar en el corazón de todos, sino que lo hizo a su manera, con un carisma único y una sonrisa perruna permanente.

Durante los primeros veranos en Huirolodge, Huinca se convirtió en el guía no oficial de los turistas. Los acompañaba a la playa cercana, trotaba alegremente a su lado y, cuando ya era hora de volver, los escoltaba de regreso a los domos. Parecía entender perfectamente las responsabilidades de su trabajo, aunque a veces se distraía persiguiendo cangrejos o intentando dialogar con las gaviotas.

Lo más sorprendente de Huinca fue cuando, con el tiempo, empezó a intentar comunicarse con sonidos que se parecían a vocales. Las "o" y las "u" le salían perfectas, y aunque las consonantes le resultaban imposibles, todos nos acostumbramos a sus aullidos que parecían decir: "¡Uuuu! ¡Ooo!" cada vez que quería algo.

Pero si había algo que a Huinca le fascinaba, era subirse a la camioneta. Le encantaba sentir el viento en su cara, sus orejas volaban como si fueran alas y su expresión de felicidad era contagiosa. Con el tiempo, el perro Huinca no solo se acostumbró a viajar en camioneta, sino que aprendió a hacer autostop. Sí, leíste bien: ¡Huinca hacía dedo! Se paraba al borde del camino, movía la cola y miraba fijamente a los conductores con sus ojos brillantes hasta que alguien paraba. Así empezó a viajar entre Huiro y Chaihuín, y luego sus rutas se fueron extendiendo.

En una ocasión, mientras íbamos de camino a Corral, una camioneta nos adelantó velozmente. ¿Y quién iba en la parte trasera con la lengua afuera y las orejas al viento? ¡Exacto! Huinca. Horas después, otra camioneta lo dejó de regreso en casa, como si nada hubiera pasado.

Con el tiempo, Huinca desarrolló un espíritu aventurero. No estaba castrado, algo que siempre nos pareció antinatural, y su instinto lo llevó a buscar el amor perruno por toda la región. Al principio, incluso intentó conquistar a las gatas del lugar, sin mucho éxito, claro está.

Su instinto lo llevó cada vez más lejos. Un día desapareció. Al principio, pensamos que volvería en unos días, pero pasaron semanas y luego meses. Las redes llenarse de historias cruzando a Niebla en la haberlo visto con una de Corral; y hubo quien disfrutando de un asado Temuco.

Las historias eran cada si Huinca estaba en una pastorcita ovejera, que detrás de una collie de la más loca de todas: haberlo visto cruzando un barco mercante.

Después de cinco una tarde, mientras sociales comenzaron a sobre él. Alguien lo vio barcaza; otro aseguró perrita cerca del fuerte afirmó que lo vio en un parque en vez más increíbles: que montaña con una si había subido al norte mirada encantadora, y que alguien juraba el Canal de Panamá en meses de aventuras, tomábamos una cervezas en la terraza, una camioneta blanca se detuvo frente a la casa. Desde la parte trasera saltó Huinca, con un pañuelo rojo atado al cuello y un brillo en los ojos que solo podía significar una cosa: ¡había vivido la mejor aventura de su vida!

Durante semanas enteras, Huinca estuvo descansando y compartiendo sus días con nosotros, aunque nadie podía quitarse de la cabeza una pregunta: ¿Volvería a escaparse? La respuesta, por supuesto, era sí. Porque Huinca no era un perro cualquiera, era un explorador, un viajero incansable, y sobre todo, un perro feliz.

El perro Huinca, viajando de aquí para allá, dejando amigos en cada rincón y enseñándonos a todos que la vida es mejor con un poco de viento en la cara y el corazón abierto a nuevas aventuras.

Fin... ¿o tal vez no?

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